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miércoles, 8 de abril de 2020

Crónicas de la vía estrecha (CVIII): De La Robla a Bilbao: El largo camino del "Hullero" (I): De los inicios a 1936


 Los órigenes de una línea mítica y sus primeras locomotoras

Las primeras noticias del "tren de La Robla" me llegaron a través de mi padre que recordaba con frecuencia su estancia en la estación de Cistierna durante algunos meses de la Guerra Civil y hablaba siempre con admiración de la impresión que le causaban algunas de sus locomotoras y que imagino, por lo que me decía, que eran las "Garrat". Muchos años después leí el libro -para mí mágico e iniciático- de Juan Pedro Aparicio: "El Transcantábrico. Viaje en el hullero". Una obra que me hizo penetrar en la historia, la sociología y el profundo sabor ferroviario de esta línea, de sus paisajes y de sus gentes. Una línea que nació para nutrir del carbón leonés y palentino a la siderurgia vasca pero que fue mucho más que eso. Una línea que ha resucitado tras alguna muerte y que, aún con sus dificultades, sigue viva. Es imposible tratar adecuadamente tanto y tanto en la brevedad de un blog; por tanto me centraré en ésta y dos entradas más en recordar su material de tracción -un parque motor de los más amplios y variados de la vía estrecha española- aunque intentando siempre contextualizarlo en una visión más amplia de la evolución de este ferrocarril. 






Como ya se ha comentado en alguna otra entrada de este blog, a finales del siglo XIX la industria siderúrgica vasca tenía necesidad de carbón barato y al menos de mediana calidad. Se alimentaba normalmente del asturiano transportado por vía férrea y sobre todo marítima, vía por la cuál también llegaba, aunque a un alto precio, gran cantidad de carbón inglés. Fue Mariano Zuaznávar un ingeniero vasco de minas quien consideró la posibilidad de trasladar hasta el País Vasco carbón de las cuencas de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica -norte de las provincias de León y Palencia fundamentalmente- y no adecuadamente explotadas, mediante una línea ferroviaria que, recorriendo las distintas cuencas carboníferas finalizase en Bilbao. 

La primera idea de Zuaznávar era que esa línea -en principio de ancho ibérico- partiera de la estación leonesa de La Robla, en el ferrocarril de León a Gijón, para que el carbón también se pudiera transportar por éste a otros destinos. Después en un largo recorrido hacia el este podría finalizar en la estación de Izarra y desde allí llegaría hasta Bilbao y su puerto a través de las vías del Ferrocarril del Norte y del Bilbao a Portugalete. Otra alternativa podría ser llegar a Memerea en Vizcaya y seguir por el Ferrocarril de Triano. Distintas razones llevaron a abandonar estos proyectos y se modificaron de modo que la estación término fuera Valmaseda para alcanzar luego Bilbao por el ferrocarril que planeaba construir la Diputación de Vizcaya -el denominado Ferrocarril del Cadagua- y seguir luego hasta el mar por el citado Bilbao a Portugalete. Además se decidió el uso de la vía métrica, tanto por razones económicas como de compatibilidad con el ferrocarril a conectar en Balmaseda, y contando con la posibilidad de que la compañía del Portugalete aceptara la instalación de carriles interiores en sus vías de ancho ibérico. 

De este modo, -y aunque la concesión oficial de la línea no tuvo lugar hasta enero de 1891- en abril de 1890 ya se constituyó la sociedad "Compañía del F.C. Hullero de La Robla a Valmaseda" integrada fundamentalmente por industriales vascos. Las obras discurrieron con gran rapidez y así en octubre de 1892 ya entraba en servicio el tramo entre Valmaseda y Espinosa de los Monteros que comprendía el sector más complejo de la línea y que incluía el puerto de El Cabrio. Poco después, en noviembre de ese año, se abrió al tráfico el tramo de La Robla a Boñar. En julio de 1893 se abrió de Boñar a Cistierna y desde Sotoscueva a Espinosa. Por fin, el último tramo desde Cistierna a Sotoscueva se finalizó el 11 de agosto de 1894 coincidiendo con la inauguración de la línea. Tras la autorización oficial, el servicio regular tanto de viajeros como de mercancías empezó a prestarse el 24 de septiembre de ese año. Todo un récord para una línea completamente nueva, con dificultades orográficas y un recorrido de casi 300 km.




Fragmento del mapa de ferrocarriles españoles de Toscano realizado en 1948. Puede verse en verde el recorrido de "El Hullero" desde León a Bilbao pasando por Matallana, Guardo, Mataporquera, Cidad-Dosante y bajando luego desde el puerto del Cabrio al Valle de Mena y Valmaseda. Recorre por tanto casi toda la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica donde abundaban las explotaciones de carbón.

Los primeros años de explotación hasta 1903 fueron difíciles para la compañía debido en buena medida a errores de planteamiento. En cualquier caso, en ese periodo cabe señalar la apertura de la prolongación de la línea desde Valmaseda a Luchana con unos 23 km de longitud al no haber llegado a acuerdos con el citado Ferrocarril del Cadagua. Así mismo, en 1905 la compañía pasó a denominarse "Ferrocarriles de La Robla S.A." 

A partir de ese año y hasta el inicio de la Guerra Civil el ferrocarril experimentó una estabilización progresiva y, aunque con algunas subidas y bajadas, registró un buen crecimiento económico potenciado entre 1914 y 1919 por la alta demanda de carbón como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. 

La tracción de los primeros trenes corrió a cargo de seis locomotoras de tipo 031T con una potencia de 410 CV denominadas las "belgas pequeñas", construidas en 1891 y 1892 por la Sociedad Franco Belga de las que algunas ya habían participado en la construcción de la línea. Fueron las numeradas 1 a 6 y recibieron nombres de las capitales de provincia atravesadas. La 6 fue modificada en años posteriores convirtiéndose en tipo 032 y aumentando su capacidad de agua y carbón. Algunas de ellas todavía funcionaban a finales de los años sesenta. 


La 3 "Santander" arrastra un mercancías hacia Cistierna en 1967 (L. G. Marshall)


La 4 "Burgos" en León con un mixto hacia Matallana en 1962 (L. G. Marshall)


De nuevo la 4, ahora en vista lateral fotografiada por John Carter en 1960 junto a la estación de Bilbao-Concordia. 

La 5 "Vizcaya" en plena marcha en cabeza del correo (John Carter)


La 6 "Guipúzcoa" ya reformada a 032T y con nueva cabina en el depósito de Cistierna en 1968 ()

Al llegar a la conclusión de que las "belgas pequeñas" se mostraban poco útiles para los trenes de mercancías, entre 1892 y 1894 se adquirieron al mismo constructor otras doce locomotoras también del tipo 031 y de 550 CV, por tanto algo más potentes que las anteriores. Fueron las llamadas "belgas grandes" y parte de ellas participaron igualmente en la construcción de la línea. También sufrieron bastantes reformas para intentar optimizar su rendimiento e incluso a algunas de ellas se las añadió un tender. Mientras que varias fueron desguazadas a principios del siglo XX, otras sin embargo continuaron en servicios auxiliares hasta finales de los sesenta. Fueron las 21 a 32 y recibieron nombres de ríos de las zonas recorridas por la línea. 


La 28 "El Ebro" en 1960. Aunque denominadas "belgas grandes" las ruedas motoras eran de menor diámetro que las "pequeñas". Dada su relativa poca potencia sufrieron diversas reformas ( John Carter)

La 32 "El Cadagua" en Mataporquera en 1961 (Trevor Rowe)

La 32 empujando por cola a un mercancías hasta alcanzar el túnel de La Parte en 1961 (Harald Navé)

La 23 "El Porma" en Matallana en servicio con el tren lanzadera a León (J. Wiseman)

Poco antes de la inauguración llegaron también cinco locomotoras tipo 131T para trenes de viajeros construidas por Sharp&Stewart en 1894. Fueron las 11 a 15 y recibieron  nombres de pueblos de la línea. Su potencia era sólo de 375 CV pero resultaron unas máquinas muy fiables. Finalmente acabaron trabajando en los ramales mineros.



La 13 "Valderrueda" fotografiada en cabeza de un corto en Sotoscueva en 1960 (John Carter)


Frontal de la 13. Estación de Bilbao-Concordia en 1960 (colección César Mohedas)
De nuevo la 13 en Valmaseda fotografiada por Harald Navé en 1961

La 14 "Guardo" haciendo aguada en Irauregui en 1960 (colección César Mohedas)

Años después, entre 1898 y 1900, ante la relativa poca potencia de muchas de sus locomotoras para las cargas arrastradas -algo que llevó a la empresa a grandes dificultades- y también a  un importante aumento del tráfico se adquirieron a la factoría norteamericana Baldwin 15 locomotoras del tipo 140 en dos lotes distintos: uno de siete en 1898 y otro de ocho en 1901. Aunque la empresa no era muy partidaria de este material se decidió por él teniendo en cuenta el brevísimo plazo de entrega de sesenta días. Su potencia era de 575 CV y recibieron la numeración 41 a 54 y en este caso también recibieron nombres de poblaciones del recorrido. Varios años después, en 1917, dadas las dificultades de suministro por parte de la industria ferroviaria europea, se volvieron a adquirir a Baldwin otras dos locomotoras más de este tipo, aunque ya con cambio de marcha por palanca en vez de husillo. Fueron las 55 y 56 y recibieron nombres de personajes ligados a la empresa. Conocidas todas ellas por "las americanas" se hicieron cargo del grueso del tráfico de mercancías y Permanecieron en servicio hasta la llegada de las diesel a principios de los sesenta. 


La 53 "Valmaseda" en 1960. El estilo "baldwin" es inconfundible (M. Gurgui)


La 48 "Zorroza" plaqueando en Cistierna en 1962 (L. G. Marshall)

Casi al mismo tiempo que se recibían las dos anteriores, y en el mismo contexto de dificultades para adquirir material europeo, se arrendaba a la sociedad "Industria y Ferrocarriles" (IF) una ALCo tipo 141 "Mikado". Recibió el número 60 y la denominación "C.M. de Ustara". Fue dedicada a servicios mixtos, a trenes de viajeros cortos y durante la Guerra a la conducción del tren hospital. Fue desguazada en Cistierna en los años sesenta. 





La 60 por La Vecilla haciendo un corto tren de viajeros entre Guardo y León en 1962 (L. G. Marshall)

Pocos años después, en 1921, y conocida la experiencia de los Ferrocarriles Vascongados, la empresa optó por el sistema "Engerth" para dos nuevas locomotoras. Construidas por Krauss eran del tipo 040 a diferencia de  las de Vascongados, que eran 130. Llevaban ya recalentador de vapor y años más tarde se las dotó también de precalentador. Llegaron en 1921 y recibieron los números 71 y 72. Se conocieron popularmente como "las vascas" y fueron dedicadas a trenes de mercancías hasta su retirada y desguace en Valmaseda en 1968.  


La "vasca" 71 (AHF/MFM. Autor Gustavo Reder)

Cuando a principios de los años veinte los Ferrocarriles Réticos electrificaron sus líneas quedaron excedentes varias locomotoras de vapor de tipo 140 construidas por Winterthur a partir de 1904. Probablemente fue Hulleras de Sabero la empresa que adquirió tres de ellas, las numeradas como 109 a 111, que pasaron muy pronto a La Robla en régimen de cesión. Entre 1923 y 1926 fueron definitivamente adquiridas manteniendo su misma numeración de origen y recibiendo nombres de personajes ligados a la empresa.


Probablemente la 109 dotada de recalentador (AHF/MFM. Autor Gustavo Reder)



También probablemente la 109 "J. Ignacio Ustara" en 1960 y con algunas reformas respecto a la imagen anterior (John Carter)

En 1923 se inauguró el Ferrocarril Estratégico de León a Matallana construido para unir la capital con la gran línea de La Robla. Era propiedad de la sociedad Industria y Ferrocarriles (IF) muy vinculada a la Compañía de La Robla. Para su explotación se adquirieron cinco locomotoras tipo 131T a la factoría Linke-Hoffman. De forma inmediata pasaron a trabajar en la línea principal sustituyendo a las inglesas Sharp 11 al 15 en cabeza de los trenes de largo recorrido. Fueron las IF 16 a 20 y también recibieron nombres de personajes relacionados. Se mantuvieron operativas hasta casi los años setenta si bien sufriendo algunas reformas para evitar una cierta tendencia al vuelco...o a "echarse". 


Las IF 18 y 19 en una estación indeterminada (AHF/MFM. Autor: Gustavo Reder)


La 19 "Pedro Ortiz Arana" en 1960. Aunque la mayoría cambiaron las letras IF por FR, la 19 llegó al desguace sin haberlo efectuado  (John Carter)



La 20 "Juan C. Calvo" saliendo de Valmaseda en 1961 (Trevor Rowe)



Otra imagen de la 20 en el mismo lugar y año pero fotografiada en este caso por Harald Navé.

La IF 19 junto a la  FR 11 en Irauregui en marzo de 1959 (AHF/MFM. Autor Karl Wyrsch)

La IF 17 en León en 1964 (archivo A. E. Sánchez Ojanguren/tomada del libro "El Ferrocarril de La Robla".

A finales de los años veinte La Robla decidió apostar por el sistema "Garrat" para el arrastre de sus trenes de mercancías más pesados, sobre todo en trayectos tan complejos como el de Valmaseda a Cistierna; ello permitiría suprimir varias dobles tracciones y la mejora de la circulación en la línea evitando el retorno de máquinas aisladas. De este modo en 1929 puso en operación dos locomotoras de configuración 131+131 procedentes de la factoría alemana Hanomag que recibieron los números 80 y 81. Sus excelentes resultados animaron a la empresa a encargar dos similares a Babcock&Wilcox que las construyó con los planos de Hanomag y que se pusieron en circulación en 1931 con los números 82 y 83. Su mayor complejidad mecánica, su elevado consumo y la dificultad para ser alimentadas por un único fogonero llevaron a su retirada a mediados de los sesenta. 
La 80 "V. de Echevarría" en Bercedo-Montija en 1961 (Harald Navé) 

El impresionante frontal de la 81 "Jose J. de Ampuero" fotografiada en 1954 en Valmaseda por Trevor Rowe



Otra vista de la 81 en Valmaseda en 1956 (L. G. Marshall)







La 82 "Enrique de Borda" (John Carter)

En cuanto al material móvil cabe decir que el parque de vagones de mercancías queda fuera de los objetivos de esta entrada por su magnitud y complejidad. Por lo que se refiere a los coches de viajeros adquiridos en este periodo, puede apuntarse que los primeros, adquiridos para el inicio del funcionamiento de la línea, fueron un lote de treinta de la factoría francesa Saint Denis con dos bogies de dos ejes y estribo corrido. Unos eran de tercera clase y otros mixtos de primera, segunda y tercera. Durante sus muchos años de servicio sufrieron múltiples y variadas reformas, pero algunos aguantaron hasta los años sesenta. 


El coche Saint Denis Cfvh 48 probablemente sin reformar (AHF/MFM. Autor Gustavo Reder)

Otro Saint Denis: el Cfv1. Probablemente proviene de la reforma del pionero ABfv1, que de ser un mixto  de primera a segunda pasó a ser de tercera (AHF/MFM. Autor: Gustavo Reder)

En 1902 se arrendaron seis coches mixtos de primera y segunda clase pero con dos distribuciones interiores distintas que fueron construidos por la factoría inglesa Bristol, lo que dio lugar a que fueran conocidos como "los ingleses". Sufrieron varias transformaciones pero parece que, al menos dos de ellos, llegaron hasta los años ochenta. Fueron los ABfv 1 a 6. 



Interior de la zona de primera clase del coche ACfvt 4. Era un mixto de primera y tercera clase que provenía de una segunda reforma del "bristol" original ABfv 4 que (Arturo E. Sánchez Ojanguren)

En 1923, con ocasión de la apertura del León a Matallana, la empresa concesionaria IF adquirió nueve coches de viajeros: tres mixtos de primera y segunda, tres mixtos de segunda y tercera y tres de tercera. Fueron fabricados por Cardé&Escoriaza pero montados en los talleres de La Robla en Balmaseda constituyendo la llamada serie 100. En cualquier caso estos coches recorrieron toda la línea general  fundamentalmente en los correos.  Al igual que las series anteriores experimentaron gran número de reformas. Es posible que algunos llegaran hasta los años setenta. 



El Afvt 103, reforma del primitivo ABfv 103 en La Casilla (Javier Fernández)

En esta situación llegó el Ferrocarril de La Robla a 1936 y a  la iniciación de la Guerra Civil. Del periodo que va desde ese año hasta la llegada de la tracción diésel en 1965 nos ocuparemos en la siguiente entrada. 


FUENTES CONSULTADAS

Aparicio, J. P. (1982): El Transcantábrico. Viaje en el Hullero. Pentalhon ediciones

Fernández, J. y Zaita, C. (1987): El Ferrocarril de La Robla. Fundación de los Ferrocarriles Españoles (obra de referencia)




Fernández Díaz-Sarabia, P. (2005): El Ferrocarril de La Robla. En "Historia de los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha en España", tomo II. Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

Varios: Vapor de vía estrecha y ferrocarriles industriales de España. Trenmanía, especial nº 21.

Olaizola, J. (2023): El Ferrocarril de La Robla llega a León. Vía Libre nº 684

Archivo Histórico Ferroviario del Museo del Ferrocarril de Madrid














miércoles, 22 de abril de 2020

Crónicas de la vía estrecha (CX): De La Robla a Bilbao: El largo camino de "El Hullero" ( y III)



De la llegada del diésel a la integración en FEVE


Durante el año 1958 el Ferrocarril de La Robla alcanzó su récord de transporte de carbón. A partir de ese año inició un descenso progresivo debido a la cada vez menor utilización de ese combustible. Por otra parte, el aumento de los gastos sociales y de personal junto a la competencia de la carretera agudizó un declive continuado, de modo que los años con déficit de explotación fueron cada vez mayores. Ni la introducción decidida de la tracción diésel, ni la mejora de determinadas operaciones con la necesaria reducción de personal pudieron impedir que el 6 de marzo de 1972 la compañía entregara a FEVE la explotación del ferrocarril. Vamos a revisar a continuación esta etapa fijándonos fundamentalmente en la evolución de la tracción diésel.


En el marco de la Ley de apoyo a los Ferrocarriles de Vía Estrecha de 1953, la Compañía de La Robla había llevado a cabo estudios  para una dieselización progresiva de la tracción que debió concretarse en una petición elevada hacia 1955 a la Dirección General de Ferrocarriles. De este modo en 1956 se asignaron a la compañía tres locomotoras Alsthom de 825 CV -las MOP 1030 a 1032- y cuatro Creusot de 650 CV -las 1153 a 1156- todas ellas diésel-eléctricas.  Su entrega se confirmó en noviembre de 1957 si bien su entrada real en servicio tuvo lugar en 1959. Como  curiosidad cabe apuntar que en 1955 se hicieron pruebas en esta línea, probablemente con la MOP 1001, remontando con ella el puerto de El Cabrio.

Las tres Alsthom asignadas a La Robla pertenecían al grupo de las construidas bajo licencia por Babcock&Wilcox y General Eléctrica Española. Fueron destinadas al depósito de Balmaseda remolcando todo tipo de trenes y vistiendo en principio una librea "verde Estado" cambiada por la Robla a azul. 


La 1032 en Balmaseda, probablemente poco después de llegar al Ferrocarril de La Robla, con el escudo del Ministerio de Obras Públicas (autor desconocido)

Una de las Alsthom, probablemente en cabeza del correo, de el verano de 1967 (AHF/MFM. Autor: Justo Arenillas)

Años después, parece que hacia 1965 o 1966, pasaron a depender del depósito bilbaíno de La Casilla ya que por encargo de FEVE, las compañías del Cantábrico y de La Robla debieron hacerse cargo de forma mancomunada de la gestión del Santander-Bilbao. Como para entonces La Robla tenía resuelta su tracción con otras locomotoras, las Alsthom pasaron a ocuparse total o parcialmente de servicios en la línea citada. Al unificarse todas estas compañías en FEVE las 1030 y 1032 permanecieron asignadas al depósito de La Casilla -y circularon por La Robla remolcando antiguos coches MAN adaptados- mientras que la 1031 pasó al depósito de Santander. En 1988 las 1030 y 1032 pasaron a los Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana para, entre otros servicios, dar tracción al Limón Exprés. Por su parte la 1031 volvió a Balmaseda y posteriormente fue vendida a CONVENSA. 


La 1032 en cabeza de un tren entre Balmaseda y Bilbao en enero de 1979 (autor desconocido)

Una Alsthom remolca el correo León-Bilbao. De acuerdo con Ramón Capin el primer coche tras el furgón es un ex-Económicos. Estaban matriculados como X-1 a X-3; eran mixtos Preferente/Económica siendo la parte central entre puertas clase Preferente y los extremos de cada coche sobre el bogie, clase Económica. Los que eran únicamente de Clase Económica estaban matriculados en Económicos como Z-1 a Z-9. Fueron construidos por Euskalduna en Madrid EN 1968-69 y se partió de otros tanto antiguos coches de madera de la compañía. Ya en FEVE fueron matriculados como serie Serie ABh 3001-21 a ABh 3003-21 los mixtos Preferente/Económica y BB 3016-21 a BB 3024-21 los que solo eran de Clase Económica. El segundo coche es posible que fuera un 9000 (foto: Thierry Leleu)

Ese mismo año llegaron también cuatro locomotoras Creusot, las 1153 a 1156. A ellas se unió en 1961 la 1160 que venía del ferrocarril asturiano de Carreño. Todas ellas se asignaron al depósito de Balmaseda y recibieron librea verde con franja amarilla acabando en pico en los frontales. Se hicieron cargo de trenes de viajeros y de mercancías, pero no eran muy queridas ya que se quedaban cortas de potencia y además, debido quizás a un centro de gravedad relativamente alto, tenían tendencia a descarrilar o, como decían los ferroviarios, a "tumbarse". De este modo, la llegada de las GECo en 1965 las desplazó de los trenes de viajeros. Al integrarse en FEVE, las Creusot siguieron haciendo prácticamente sus mismos recorridos pero asignadas al depósito de La Casilla al tiempo que iban cambiando su librea a la azul y blanca. Fueron desguazadas en la segunda mitad de los años ochenta. 



La 1154 en León en 1969 todavía con librea y escudo del MOP (Jaume Fernández)


La 1160 en León en 1972 ya con librea y anagrama de La Robla (AHF/MFM. Autor: Juan Cabrera)

La 1155 en Balmaseda en abril de 1979. A su lado, otra Creusot ya con librea de FEVE (Pere Baliarda)

La 1160 con librea FEVE también en abril de 1979 (Pere Baliarda)


Una doble tracción de Creusot. Obsérvese que el diseño de la librea es ligeramente distinto (Javier Fernández)

Las citadas GECo tuvieron su origen a primeros años sesenta cuando La Robla decidió adquirir un grupo de locomotoras diésel que permitiera la supresión definitiva de las actividades de las de vapor en los servicios de línea, dado que locomotoras tales como las Alsthom y las 
Creusot se quedaban cortas de potencia. Se optó por el mercado norteamericano en el que General Electric Company (GECo)  ofrecía máquinas de más potencia en vía métrica (en concreto el modelo U-10B) y bien experimentadas. De este modo, en octubre de 1964, se cursó a la citada empresa un pedido de diez locomotoras de ese modelo. Las seis primeras máquinas llegaron en diciembre de ese mismo año y las cuatro siguientes en marzo de 1965. Respondieron pronto a las expectativas creadas y pronto relegaron al vapor al tráfico de los ramales mineros. Los maquinistas valoraron mucho la comodidad y fiabilidad de "los amarillos". "Amarillos" y no "amarillas", al menos en un principio, debido quizás a su estética más de tipo "tractor" -como los 1300- que a las locomotoras de línea de las series 1000 o 1100.


Creusot y GECo en Mataporquera. A simple vista salta la diferencia (Martin Dieterich/archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril)

Las Creusot cambiaron de librea con el paso a FEVE, pero las GECo...siguieron siendo "las amarillas". Supongo que la imagen está tomada en Balmaseda (autor desconocido/a través de Javier Aranguren)

"Los amarillos", que pronto fueron "las amarillas" o "las americanas" y también "las geco", fueron numeradas como 501 a 510. Cuando el Ferrocarril de La Robla fue absorbido por FEVE en 1972, se renumeraron como 1501 a 1510 y se les concedió el honor de mantener su librea en lugar de asumir la unificada de FEVE.


Muchos años después, aún con cambios de librea, el "amarillo" seguía siempre estando presente de alguna manera. Parece increíble que en 2019, 54 años después de su puesta en servicio y tras sus duras condiciones de trabajo, al menos dos de ellas continuaran operativas. Triple tracción de un carbonero en  julio de 2007 (Jean Pierre Vergez-Larrouy)

Por otra parte, también a principios de los sesenta, se puso en marcha otro plan para dotar a las compañías de vía estrecha de nuevo material con el objetivo básico de suprimir la tracción vapor tanto en servicios de viajeros como de maniobras. Oficializado en 1964, su financiación procedía del Banco de Crédito a la Construcción. La todavía EFE (muy pronto se convertiría en FEVE) coordinó las necesidades y requerimientos de las diferentes compañías. De este modo pudo conseguirse una unificación en los pedidos con las consiguientes ventajas técnicas y económicas. Fueron tres los lotes de vehículos adquiridos: nuevas locomotoras Alsthom de 925 CV (serie 1050), automotores MAN de la serie 2300, y los tractores de transmisión hidráulica para maniobras de la casa Yorkshire fabricados bajo licencia por la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN). De los 29 tractores adquiridos, ocho fueron para La Robla y se distinguieron por ser algo más pesados y voluminosos que el resto al estar dotados de turbocompresor. Recibieron las matrículas 201 a 208. Los cinco primeros entraron en servicio en 1966, y a principios de 1967 los tres restantes. Su librea original fue en granate con una franja negra. 

Robla los situó en León, La Robla, Cistierna, Guardo, Mataporquera, Balmaseda, La Casilla y Luchana. Fueron sometidos a un duro trabajo ya que, además de sus servicios de maniobras que era su finalidad básica, se encargaron también de algunos trenes cortos en ramales y dobles tracciones en algunos trayectos.


El 206 en cabeza de un "corto" Luchana-Irauregui (J. González Zorrilla)

El 207 (Justo Arenillas)

Como resultado de su duro trabajo, sólo pasaron a FEVE seis unidades operativas, aunque matriculó a los ocho como 1318 a 1325. En 1987, sólo quedaban cuatro o cinco en servicio distribuidos entre las estaciones de Cistierna, Balmaseda y La Casilla. En este vídeo de José Luis García dedicado al ramal de Saber0 a Cistierna se ve fugazmente a la 1322 en la estación de esa población. 


El ya FEVE 1320 en el depósito de La Casilla (Javier Fernández)

El 1322 en Cistierna en 2007 (Jean Pierre Vergez-Larrouy)

Únicamente sobrevivieron 
el 1322 (ex 205) de Cistierna y el 1324 (ex 207). El primero, en un principio preservado para un museo, fue objeto de una profunda reforma y de cambio de librea para un supuesto arrastre de un tren turístico.  Ese proyecto no debió de cuajar y creo que el tractor debe seguir apartado en El Berrón a la espera de reparación. Por lo que respecta al 1324 fue preservado por el Museo Vasco del Ferrocarril, recuperó su librea original y se encuentra en situación de operatividad.


El 1324 en el Museo Vasco del Ferrocarril (autor desconocido)

Por lo que se refiere al material de viajeros, cabe decir que hacia 1965 se hizo un experimento de construcción de coches metalizados con chapa soldada que dio lugar al coche Cfv 55 y que no tuvo descendencia. 


El Cfv 55 apartado en Balmaseda para desguace. Según un amable comunicante aparecen en primer plano una Creusot diésel hidráulica serie 1100, dos coches Robla, dos vagones de mercancías y dos remolques Billard. Año 1983 (Javier Fernández)

Con las locomotoras y tractores citados, La Robla se integró en FEVE. En principio decidió reforzar las cercanías de León con algunos automotores Billard y también quiso introducir algunos automotores procedentes del desaparecido VAY.

Por lo que respecta a los Billard puede decirse que fueron asignados al depósito de Cistierna y destinados básicamente a los servicio entre esta población y León. Llegó a haber hasta siete coches motores y cinco remolques, pero lo normal es que hubiera sólo dos composiciones en servicio mientras el resto permanecían retiradas. Fue la última línea del norte donde trabajaron estos vehículos. Uno de ellos, el 2116, fue recuperado y puesto en operación por la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao haciendo con él algunos viajes; desconozco si en la actualidad se encuentra operativo. 



El coche motor 2111 y el remolque 5115 en 1973 (Javier Aranguren)



  "Billards" y en segundo una composición de dos en la estación de        León (Eduardo Tocino/Maquetren)


Uno de los Billard apartado en Balmaseda junto con otras verdaderas "viejas glorias" (Javier Fernández)

En relación con los automotores del VAY puede señalarse que llegaron los 11 al 15 a principios de los años setenta pero que debido a sus características y al estado en que se encontraban no se utilizaron para servicios de viajeros y funcionaron durante un tiempo limitado como vehículos de vías y obras. Se desguazaron a principios de la década de los ochenta. Los 11, 13 y 14 lo fueron en Balmaseda mientras que el 12 lo fue en La Casilla. Al parecer en 1983 el 15 permanecía aún en Arija. 


Uno de los automotores VAY estacionado en Cistierna (Lauria/Forotrenes)

El VAY 12 en La Casilla, a punto de desguace (autor desconocido)

Y en el contexto de los automotores hubo también en las vías de La Robla una presencia casi testimonial de los automotores MAN de la serie 2300. Así, entre 1976 y 1982 se estableció un servicio vespertino con ellos entre Bilbao y Espinosa de los Monteros con regreso al día siguiente por la mañana. En cualquier caso, la remontada del puerto del Cabrio suponía un gran esfuerzo para estos automotores. 

Desde principios de los ochenta la línea de La Robla compartió con otras líneas norteñas del FEVE distinto material de tracción. En 1983 comenzaron a llegar algunas de las locomotoras Alsthom/MTM de la serie 1600/1650 que colaboraron con las 1500 -aunque nunca con su "nervio"- en el arrastre de trenes de mercancías, también del correo estando ubicadas básicamente en Balmaseda.


Una 1600 de la segunda subserie con el correo en plena travesía invernal el 1 de febrero de 2009 por Guardo. Debido al temporal de nieve el automotor fue sustituido por una composición convencional (Oscar Herrero)
 
Por alguna razón desconocida en un día de agosto de 2009, la 1655 se hizo también cargo del correo. La composición aparece por la zona de Guardo (Sandra Macho)



O con una librea especial en cabeza del "Expreso de La Robla" (autor desconocido)

También FEVE introdujo en La Robla a principios de los años ochenta algunos coches metalizados serie 9000 procedentes del Santander-Bilbao, verdaderamente espartanos. Algo después, el confort mejoró algo con la llegada de algunos coches de Económicos de Asturias así como remolques modificados de antiguos automotores Renault y Brissoneau. Ya a mediados de los ochenta el cambio fue más significativo con la incorporación de los coches 5300 procedentes de la reforma de remolques de automotores MAN, algo que constituyó un gran salto en calidad y confort. 


Hermosa imagen de una 1500 "Robla" remolcando al todavía genuino correo en agosto de 1985 (Pedro González Esquerdo)

Un acontecimiento fundamental para esta línea en lo que concierne al transporte de viajeros fue la llegada a mediados de los ochenta de los automotores MAN 2400 "Apolos" y "miniapolos". Como apuntaba anteriormente, antes que ellos se había contado con algún automotor MAN de la serie 2300 que sólo realizaba algún tren especial y un servicio hasta Espinosa de los Monteros. 



El 2418-2458 entre La Vecilla y Boñar en 1987 (Luis Ignacio Alonso)



El 2406-2456 haciendo "el correo" Bilbao-León  a la altura de Menamayor (V. Vicario)

El 2422-2472 espera en León su salida hacia Bilbao. Todavía en 2019 algunos "miniapolos" seguían haciendo "el correo" (Ángel Rivera)

En esos años comenzó a circular por la línea el tren de lujo "Transcantábrico" al tiempo que se estableció un enlace con la central térmica de Guardo para el suministro de carbón. Sin embargo, a lo largo de la década de los ochenta, la línea sufrió pérdidas continuas de modo que a finales de 1991 el Ministerio de Obras Públicas ordenó la suspensión del servicio de viajeros en su recorrido central entre Matallana y Bercedo, mientras que se mantuvieron los trenes de transporte de arena de Arija hacia Bilbao. Las fuertes protestas populares y el empeño de los trabajadores del ferrocarril dieron como resultado que en noviembre de 1993 se reinstaurara el servicio de viajeros entre Matallana y Cistierna y al año siguiente hasta Guardo. En 1996 comenzó un servicio de transporte de carbón desde La Robla -adonde llegaba desde el puerto de Gijón- hasta la central térmica de Velilla de Río Carrión. Después, en 2003 y tras una revisión y mejora general de la línea, se restableció el servicio de viajeros entre León y Bilbao circulando también los trenes turísticos. Por esa época debieron empezar a circular algunos de las "nuevas" unidades 2600 basadas en Cistierna y Balmaseda. 

Una unidad 2600 por Guardo en 2009 (Oscar Herrero)

Años más tarde, en 2010, comenzaron a recorrer la línea los automotores de la serie 2700 popularmente conocidos como "ikeas".



El 2701 en Mataporquera. La implantación de la serie 2700 suponía la retirada progresiva de los automotores de la 2400, pero sus distintos y continuados problemas ha dado como resultado que algunas unidades de la veterana serie todavía compartan servicios con ellos (Ángel Rivera)

Ahora, en 2024, tras la integración en ADIF y RENFE, el futuro de la línea todavía es incierto al menos entre Guardo y Balmaseda. Por ella siguen circulando "ikeas", algún "apolo", los "2600" de Cistierna y algunos mercancías remolcados por locomotoras de la serie 1650 aunque bajo la adscripción de Construrail. La baja demanda de carbón y de arena y las dificultades de acceso a la estación de León, no permiten en principio mantener un gran optimismo...pero tras la situación que atravesamos, cualquier cosa es posible. 

La composición 2603-2604 del depósito de Cistierna asegurando un servicio Guardo-León en agosto de 2023 (Javier Vivanco/CARRIL)

En cualquier caso, siempre podremos recordar los distintos tiempos de "El Hullero" a través de distintas filmaciones que pueden encontrarse en youtube. Me quedo con éste realizado por RTVE: "El Hullero cabalga de nuevo. Memoria de un tren"

Una 1500 en cabeza del correo León-Bilbao y una 1900 encargada de la tracción del tren turístico de La Robla (Eduardo Tocino/Maquetren)


FUENTES CONSULTADAS

Fernández, J. y Zaita, C. (1987): El Ferrocarril de La Robla. Fundación de los Ferrocarriles Españoles (obra de referencia)



Archivo Histórico Ferroviario del Museo del Ferrocarril de Madrid

Asesoramiento videográfico de Fernando Santiago Rodriguez